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Cielo abierto


El cielo representa el Reino de los Cielos, la morada de Dios, hacia donde deben dirigirse los esfuerzos del hombre y a la que llegarán aquellos que acepten la guía de la Iglesia y sus ministros. Así, cuando llueve se completa el juego alegórico del patio: el agua que cae del cielo representa la palabra y la gracia de Dios, sale de la boca de los sacerdotes y a través de ellos llega a la tierra, donde habitan los hombres, quienes esperan la salvación mientras viven en este mundo.

El agua es quizá el símbolo más importante en este lugar: llena de vida a todos los seres, es la gracia divina que salva al hombre de la muerte eterna y del pecado. Por ello, la cornisa del claustro alto tiene una forma ondulante que simula las olas del mar y las nubes del cielo, portadoras de la lluvia; asimismo, los claustros están llenos de elementos vegetales (helechos y acantos, principalmente), símbolos del espíritu del hombre, que sólo vivirá si bebe de Cristo el agua de vida eterna y salvación.